Hoy hice una primera entrevista con un par de alumnos de segundo del bachillerato. Se reúnen una vez a la semana para lo llamado Proyecto Integrado, donde van desarrollando actividades creativas e interactivas que incorporen habilidades y destrezas variadas, que abarcan el currículo. Algunos han escrito su propios guiones para los cortos que van filmando. (Yo me colé de 'extra' la semana pasada en un corto donde las emociones de la protagonista se manifiestan, le hablan y le hacen sufrir tanto que al final ella las deja atrás; es una premisa existencialista y da escalofrío. Yo salí en el papel de una maestra que sube por una escalera concurrida por estudiantes.) Otros están diseñando actividades para inaugurar la biblioteca del instituto. Otra alumna está intentando entrevistar a todo el alumnado internacional y grabar conversaciones con ellos por vídeo.

El profesor del grupo es un hombre de humor sutil con evidente dedicación a su trabajo y a ellos; parece que les motiva sin esfuerzo. Hay buen rollo, como se diría por aquí. Es un grupo inteligente y animado. Hacen un mogollón de preguntas, entran en conversación conmigo, me cuentan sus planes para ir a la universidad, para viajar... me caen bien, y me gustan su madurez, sofisticación, sinceridad y entusiasmo. La primera vez que visité su clase para presentarme y hablar de mi estudio, me preguntaron sobre el Sheriff Joe Arpaio del Condado de Maricopa, en Arizona; algunos de ellos habían acabado de ver un programa de televisión sobre él y sobre las condiciones infrahumanas en que vivían los detenidos indocumentados en el desierto. Estaban que no se lo creían. Decían que estaba loco, y me preguntaron si en Arizona la gente era así de verdad. Como muchas veces pasa, la conversación se llevó al tema de las armas de fuego, y cuando les comenté que en mi universidad se consideraba permitir llevar armas en el campus, se rieron incrédulos, "Pero, por qué?!" Y dije lo que siempre digo cuando la gente me pregunta eso: "No lo sé." (Intenté matizar la idea, diciendo que las grandes divisiones en la política americana se puede explicar según si a la gente le parece bien que el gobierno intervenga en aspectos de la vida privada de sus ciudadanos o no, y es que permitir llevar armas se ha vuelto un tema clave en el debate, pero al final, ni tiene sentido. Me da miedo, aunque como hecho antropológico o extension de la ideología de orgullo e individualismo, también indica que el sistema sigue funcionando, y que no se ha estancado ni se ha vuelto otra cosa, aunque todo eso podría cambiar si se permite a más gente llevar más armas más facilmente.)

Parece que un problema es que hay pocos jóvenes con semejante nivel de interés y motivación. Los dos entrevistados lo dijeron así, que se consideraban miembros de una minoría que estudia y tiene planes para el futuro. Me contaron que la mayoría de la gente de su edad elige ni trabajar ni estudiar, que sus padres les han dado todo lo que necesitan, no ven posibilidades de trabajo, y es más, no les interesa. Muchos pasan el día en internet, fumando y bebiendo. Yo dije que a lo mejor a la juventud de hoy no les gustaba la idea de trabajar de invernadero porque disponen de más opciones que sus padres o abuelos. No parecían estar convencidos, 'Pero es que no quieren hacer nada de nada. Y luego te critican por estudiar, te dicen 'empollón', y terminas distanciándote porque no aceptan lo que estás haciendo, tampoco.' Mencioné que hace poco aprendí sobre la Generación Ni-Ni (ni estudian, ni trabajan), y me dijeron que efectivamente, conocían a mucha, pero mucha, gente así.

Durante la hora de la comida, surgió otra conversación relacionada. KB y yo acompañamos a un grupo de profesores a un restaurante, y ahí hablamos de sus intentos por organizarse entre ellos y presionar el sistema para así producir cambios en sus institutos y mejorar las condiciones de trabajo y aprendizaje. Entre las primeras propuestas, hacer que los institutos dejaran de parecer cárceles, por ejemplo dejando que el alumnado mayor, de 17 o 18 años, entrara y saliera del campus sin permiso de los padres. 'Has visto los institutos aquí? Todo está cerrado, y un estudiante de 17 años llega a las 8 de la mañana y no puede salir hasta después de última hora; no tiene sentido.' 'Es que tratan a todos como a niños pequeños,' dijo otro. Nos preguntaron sobre los institutos en EE.UU., y reconozco ahora que mis propias impresionse se influencian mucho por mis tres años en Springdale High School (y por cierto, que buena parte de ellos me parecían muchas cosas insoportables) y donde gran número de nosotros llegamos por nuestra cuenta al campus, en coches propios o de los padres, y que podíamos salir para almorzar y luego volver. No había vallas, sólo una donde el estadio de fútbol americano. Pero era otro momento, y he perdido mucho contacto con ese mundo. Tanto depende de dónde esté el instituto, de los recursos que haya, del apoyo de la comunidad. Algunos institutos en Tucson tienen vallas y puertas cerradas.

Fue interesante escuchar a los profesores comparar los institutos con cárceles. Yo había pensado que era cosa de los alumnos, ese habitual rechazo a la escuela y a los estudios. 'Sólo falta el guardia y la torre!' dijo un profesor, riéndose, y me parece importante que venga un chiste del panopticón de Foucault de parte de uno que tiene compromiso con el sistema en sí. 'Ya hay cámeras en los pasillos,' dijo otro. Pero a estos profesores, les preocupa el ambiente escolar de forma holística, y sobre todo quieren fomentar un sentido de iniciativa, responsabilidad y autonomía entre sus estudiantes. Son características que faltan en sus propios lugares de trabajo: no se prohíbe que su asociación se reúna, pero se ha hecho evidente que no está bien visto; sugirió un profesor organizar una operación Wikileaks para que la información fluyera más libremente entre la administración y el profesorado; otra lamentó, 'Y es que cada año los resultados son peores. Cada año.'

Noté entre ellos y por su manera de hablar una sensación de impotencia, aunque seguían haciendo lo que podían para promover cambios y mejores, desde abajo. 'Queremos llamar la atención de la gente sobre el instituto,' dijo una. 'Queremos que se preocupen y que sepan lo que está pasando para que lo podamos mejorar.' Dijo después que en una reunión con los padres, algunos se quedaban riendo cuando se habló el tema de la falta de espacio para todos los alumnos. 'Les da igual. Y no lo entiendo. Si tienes a tu hijo ahí en una clase donde noy hay espacio, y sabes que no hay espacio para los que van a venir el año que viene, tienes un problema! Tienes un problema. Pero les da igual.'

Nos contaron que eran los partidos políticos los que habían creado esta situación, que manejan todo y no permiten que nadie por su cuenta haga nada sin que ellos estén involucrados. En otras palabras, tienen tanto poder que son ellos los que deciden qué hacer, cómo y cuándo. Después de morir Franco, dijo un profesor, la asociaciones de vecinos se organizaron para ayudarse entre sí y mejorar cosas, poner farolas en las calles o lo que sea. No esperaban a que nadie tomara ninguna decisión por ellos, sino que había energía e iniciativa suficientes como para realmente hacer cosas. Ahora, en cambio, esas asociaciones reparten bocadillos en alguna fiesta, pero poco más. Son los partidos políticos los que se han acaparado de todo. El resultado es que falta motivación para hacer cosas nuevas a nivel local. 'Todos están ahí sentados en el sofá, esperando a que se arreglen las cosas, pero cómo?' dijo otra profesora. ' O sea, con el nivel extraordinario de desempleo en España, esperarías que la gente estaría haciendo manifestaciones, pero no. Nada.'

Todo esto me hace pensar de nuevo en la secuela de los cambios vertiginosos que se ha experimentado en España, de una dictadura paternalista ('Las cosas no estaba bien, pero por lo menos funcionaban las escuelas y había respeto,' me dijo un profesor en Santa María ayer), a una democracia eufórica que abrió pasó a la modernidad, el exceso según algunos, el bienestar material y social, a lo que podría ser su fin (lógica?) en una sociedad civil que se rige por el consumismo (Vivan las rebajas!) y un sentido diluido de lo que realmente importa...?

El interculturalismo es sólo parte de la historia verdadera; es mucho más grande que eso. Como intuía cuando empezaba a planear este estudio, todo esto indica unos cambios en los 'valores' que guía una sociedad -- o que cambian o que proliferan, por ejemplo. Pero cómo llega la gente a valorar una cosa más que otra? Cómo llega a preocuparse por un modo de vida o buscar formas de cambiarla? Son preguntas generacionales e históricas, profundamente metidas en lo que la gente pueda, podría, o pensara hacer diariamente y de momento a momento. Cómo es que una falta de motivación, por un lado, y obstáculos a la acción popular, por otro, dan forma a lo que es la sociedad? Qué será, al final, lo que va emergiendo de este contexto español?